lunes, 1 de octubre de 2012

Historia de Vitoria - Gasteiz - 28 capítulo





CAPÍTULO VEINTIOCHO

"LA BATALLA DE VITORIA"
EL SIGLO XIX, - SIGLO DE GUERRAS


El siglo XIX se caracterizó por sus numerosos conflictos:


Levantamiento contra Módenes
  
    Antes de desencadenarse la Guerra de la Independencia, el día catorce de febrero de 1803, tuvo lugar en Vitoria un levantamiento popular contra Juan Módenes, subdelegado de rentas de Cantabria, debido al exhaustivo control y persecución que ejercía en su distrito contra los tráficos fraudulentos. Grupos de personas reunidos frente a su casa en Vitoria pidieron su encarcelamiento y posterior ahorcamiento.
    Esta ira popular,  no fue contenida por los poderes provinciales adecuadamente, debido al recelo del control ajeno del espacio aduanero provincial. Tengamos en cuenta que el contrabando, muchas veces en pequeñas cantidades, aprovechando el espacio exento de la provincia, contribuía a sostener más de una economía familiar.
    Vista la tibieza en el control de la crisis por parte de las autoridades locales,  Madrid aprovechó la ocasión para advertir al Diputado General que no tenía ninguna competencia en las cuestiones de la Hacienda Real e incluso fue amenazado con el envío de un Corregidor. (Delegado real, corriente en otras administraciones y que no existía en Álava)



   GUERRA DE LA INDEPENDENCIA 

"LA BATALLA DE  VITORIA"


    El Tratado de Fontainebleau firmado por Francia y España el 27 de octubre de 1807, estableció el reparto de Portugal entre ambos países, una de las partes fue prometida a Godoy, primer ministro de Carlos IV, y favorito de Mª Luisa de Parma, la reina. La condición era permitir atravesar España a los 28.000 hombres de las tropas francesas con el fin de cercar a Portugal, que había hecho caso omiso a las intenciones francesas de cerrar todos los puertos europeos a la flota británica, el llamado  ”Bloqueo continental”. La diplomacia española pronto vio el engaño de Napoleón, que lo único que pretendía era anexionarse también España.
    En octubre de 1807 los primeros efectivos franceses pasaron por Álava y en Vitoria establecieron una guarnición de seis mil hombres al mando del Conde de Verdier, lo que mediatizó un posible levantamiento antifrancés. Este acuartelamiento suponía  solapadamente una ocupación militar.
    Un segundo cuerpo del ejército de la Gironda, con instrucciones de avanzar  hacía Valladolid, entró en Vitoria el 26 de diciembre. Su jefe el General Dupont desde el primer momento dejó claro las intenciones francesas.
    Posteriormente un tercer ejército al mando del General Moncey se adentró en la Península en actitud hostil,  viendo entonces claramente que la intención francesa era de la conquista de España.
    El General Murat, Gran Duque de Berg, cuñado del Emperador, pasó de largo por la Ciudad el 8 de febrero, camino de Madrid. Tenía la misión de llevarse a los reyes de España secuestrados con engaños  a Francia.
     Sin embargo el apoyo en Vitoria al Gobierno francés fue mayor que en otros lugares. Esto fue debido al comportamiento de ciertos miembros de la nobleza y los comerciantes, cuyas ideas estaban de acuerdo con el ideario político -burgués que encarnaba entonces Francia. Vitoria sufrió a partir de ese momento  la sangría de exacciones extraordinarias para el mantenimiento de esas tropas, más el sostenimiento de un asilo para cientos de enfermos franceses, para lo que  requisado por los franceses el nuevo Hospital de  Santiago, sin haber sido estrenado por los vitorianos.
   Vitoria fue la capital de la Corte de José Bonaparte a partir de la derrota en Bailén de las tropas francesas dirigidas por el general Dupont, el 19 - 7 de 1808 y el propio rey José se alojó en el palacio de sus amigos afrancesados, los marqueses de Montehermoso, Ortuño Mª de Aguirre y Zuazo y Mª Pilar de Acedo y Sarría. El palacio tenía una estupenda biblioteca y un hermoso jardín, cosa extraordinaria en la España en aquella época, según testimonio de diplomáticos franceses.



Palacio de Montehermoso, donde se alojó José I


Ortuño María de Aguirre Zuazo y del Corral, marqués de Montehermoso (15,5,1767 - 8, 6, 1811)


Reacción vitoriana

    Alentado por Murat, el 14 de abril de 1808, llegó a Vitoria el rey Fernando VII  acompañado entre otros  por el canónigo Escoiquiz, su consejero. La finalidad del viaje consistía en que Napoleón le confirmara en el trono que había usurpado a su padre, Carlos IV en el Motín de Aranjuez,  por ello se instaló en la Ciudad  en espera de la llegada del Emperador.    
     Posteriormente llegó  una comunicación de Napoleón que invitaba a Fernando VII negociar  en Bayona. Esto hizo dudar a varios miembros de la comitiva del Rey;  pero éste se dejó llevar  de los consejos del canónigo Escoiquiz  y ordenó preparar la marcha hacia Bayona.  Algunas autoridades, como el Alcalde Francisco Javier de Urbina e Isunza,  le sugirieron una retirada hacia el sur de España, pero el Rey no atendió esta sugerencia.



                                     El rey Fernando VII, por  Vicente López

    En la madrugada del día 19, viendo que el rey iba hacia una trampa urdida por Napoleón Bonaparte, algunos vitorianos, dirigidos por el industrial Martín Susaeta y el señor Rico, popular alguacil, intentaron  evitarlo. Para ello se   abalanzaron sobre la carroza,  cortaron los tirantes,  y soltaron  las mulas.  Estos hechos sucedieron  en la que actualmente conocemos como calle Benigno Mateo de Moraza. Horas después el Diputado General  ordenó leer un bando por toda la Ciudad que decía así:
    “De orden del Rey nuestro señor, mando a todos los vecinos, habitantes y moradores de esta Provincia que en la salida que está para hacer Su Majestad a la provincia de Guipúzcoa guarden la moderación y no interrumpan a ninguno de los que acompañan a su real persona, por convenir esta soberana resolución a su servicio y a la felicidad de la nación. Y cualquiera que contraviniese a ella directa o indirectamente, sufrirá la pena de presidio y demás que haya lugar, según las circunstancias. – Vitoria, 19 de abril de 1808. Pedro Echevarria“
     Fernando VII también publicó un edicto que decía:
    “El Rey está  agradecidísimo al extraordinario afecto de su leal pueblo de esta Ciudad y provincia de Álava; pero siente que pase de los límites debidos, y pueda degenerar en falta de respeto con pretexto de guardarle y conservarle, conociendo que este tierno amor a su real persona y el consiguiente cuidado son dos móviles que le animan, no puede menos de desengañar a todos y cada uno de sus individuos que no tomaría la resolución importante de su viaje si no estuviera bien cierto en la sincera y cordial amistad de su aliado el Emperador de los franceses, y de que tendrá  las más felices consecuencias; les manda, pues, que se tranquilicen y esperen, que antes de cuatro o seis días darán gracias a Dios y a la prudencia de su Majestad de la ausencia que ahora les inquieta”.




  Calle Mateo Moraza, lugar donde se dieron los hechos relatados.

     Apaciguados los ánimos por  estos mensajes de las  autoridades locales y del mismo Fernando VII y repuesto el tiro,  mediada la mañana,  el Rey partió hacia Francia precedido por un escuadrón de franceses.  Cerraba la comitiva el Diputado Foral, el Comisario por Ciudad y Villas y una guardia de caballería, formada por 22 jóvenes pertenecientes a las más linajudas familias  alavesas.  De ese modo Fernando VII  marchó hacia Bayona donde  quedaría cautivo de los intereses de Napoleón, que impuso en su lugar como rey de España a su hermano José Bonaparte. Para ello le hizo devolver el trono a su padre Carlos IV.

Vitoria durante la Guerra de la Independencia

    El alzamiento antifrancés se produjo el 2 de mayo de 1808, comenzando en Madrid. Los madrileños intentaron evitar que el infante Francisco de Paula fuera llevado a Francia. La provincia de Álava no pudo levantarse del mismo modo, debido a la importante guarnición francesa situada en Vitoria, a la incautación de armas y municiones por parte de los franceses y a una cierta connivencia de una parte de la población, ya señalada. Algo parecido sucedió en Guipúzcoa, Vizcaya y Navarra.
    El 11 de julio de 1808, Las Juntas Generales de Álava proclamaron fidelidad al nuevo rey José Bonaparte en la plaza Mayor. Anteriormente los junteros habían sido presionados por las tropas del General Merlin, llegando incluso a apresarles con ese fin.
    Posteriormente el Gobierno de José I creó el 8 de  febrero de 1810 el distrito de Gobierno Militar de Vizcaya, que englobaba al País Vasco y Cantabria bajo el mando del General  Barón de Thouvenot, debido a la situación estratégica de estos territorios. Para ello se suspendió el régimen foral.  La capitalidad de este Gobierno militar estuvo primero en San Sebastián y desde finales de enero de 1811, en Vitoria. Estuvo instalado  este gobierno en el palacio del marqués de Legarda, sito en la calle Zapatería, costando al  Erario público su acondicionamiento más de  ocho mil duros.
    Numerosas casas, templos y conventos sirvieron de cuarteles, hospitales y almacenes, con el consiguiente deterioro de los mismos:  San Pedro era almacén de vestuario de las tropas; San Miguel, depósito de prisioneros; San Ildefonso, hospital; Santa María, polvorín; y San Vicente, molino harinero. Este uso fue lo que ocasionó más tarde la demolición de los conventos de San Francisco y Santo Domingo, éstos habían sido usados como cuadras. Se construyó en esa época, 1808, el cementerio de Santa Isabel.
    Como dato curioso diremos que José Bonaparte, quiso  reproducir la administración francesa en España, para ello había peparado una división del territorio en Prefecturas, con la creación de 38 Departamentos. En cuanto al País Vasco, el Departamento denominado Cabo Machichaco, englobaba a Álava, Guipúzcoa y Vizcaya, con capital en Vitoria. Navarra se llamaría Bidasoa, capital Pamplona.

Vitoria durante la dominación francesa. 1812

    Vitoria sirvió durante la guerra de centro de operaciones del ejército francés, por lo que se alojaron en ella  los más destacados miembros del ejército francés.  José Bonaparte “Pepe Botella” en varias ocasiones. La primera fue el 12 de julio de 1808 procedente de Vergara. Parece que fue recibido con mucha frialdad por parte de los vitorianos. Se alojó en el palacio de Montehermoso. Partió hacia Madrid dos días después.  Posteriormente estuvo en nuestra ciudad del día 22 de setiembre de 1808 al 9 de noviembre de ese año. 
    Para corresponder las atenciones de sus anfitriones, concedió a Ortuño de Aguirre la grandeza de España y le nombró su Gentilhombre de Cámara. Además les compró el palacio de Montehermoso por 300.000 francos, una fortuna, más del triple de su valor. Parece ser que Napoleón comentó sobre la operación de compra, que el palacio no valía esa cantidad, ni con la marquesa dentro.
    Otras estancias de José I fueron del  4 al 6 de mayo de 1811 y  del 20 de junio al 5 de julio de 1811 para manifestar sus condolencias a doña Pilar de Acedo, ya que su esposo don Ortuño Mª de Aguirre y Zuazo,  marqués de Montehermoso,  había muerto recientemente en París, el 8 de junio, formando parte de su comitiva. La última y definitiva estancia  fue del 19 al 21 de junio de 1813,  esta última fecha de la Batalla de Vitoria.  De sobra son conocidos sus devaneos con la señora de la casa, palacio Montehermoso, donde se alojaba en sus estancias en Vitoria.  La Marquesa, doña María del Pilar  de Acedo y Sarría (además ostentaba el título de condesa de Echauz),  estaba  en la plenitud de una exuberante belleza madura y era además una   persona culta que hablaba varios idiomas, francés e italiano, recitaba versos, tocaba  la guitarra y pintaba bellas miniaturas. Circulaba por Vitoria una coplilla que decía: "La marquesa de Montehermoso tiene un tintero, en el que moja la pluma José primero".





           María del Pilar de Acedo y Sarría, condesa de Echauz, señora de Montehermoso

     Por su parte Napoleón Bonaparte estuvo en Vitoria del 5 al 9 de noviembre de 1808, instalándose en la casa del banquero vitoriano José Perfecto  Fernández de la Cuesta, junto al Prado      (Etxezarra). Napoleón eligió este sitio por ser un lugar tranquilo, algo apartado de la ciudad. Allí preparó su estrategia para reavivar la toma de España que se había  ralentizado en demasía para sus intereses. Su llegada se anunció con el disparo de 60 cañonazos.





Casa Etxezarra, donde se alojó Napoleón.

    La estancia de los franceses en Vitoria en esos años, aparte de la incomodidad de su presencia para muchos vitorianos, que veían en ellos a unos usurpadores, supuso una sangría en forma de impuestos para sufragar los gastos de guerra, éstos supusieron una suma de 130 millones de reales de 1808 y 1813. Por otro lado, los invasores trajeron  con ellos una epidemia de tifus  que afectó también a muchos vitorianos. Además la actividad de partidas guerrilleras dirigidas por alaveses, como las de Sebastián Fernández de Leceta, alias” Dos Pelos” produjo represiones en Vitoria.  Una de estas partidas de guerrilleros llegó en su audacia a apresar a 15 soldados franceses en las inmediaciones del barrio de San Cristóbal, en los arrabales de Vitoria.
    La carestía de productos de primera necesidad, especialmente en 1812, el "año del hambre", se sintió notablemente en Vitoria.
    Tras una serie de victorias de las tropas españolas, Bailén, Arapiles, ayudadas por tropas portuguesas y británicas al mando del general Wellington, los franceses se batieron en retirada hacia el norte. La orden de José I en ese sentido, pudo ser con el fin de reagrupar las tropas y esperar momentos más favorables.
    Mientras, en la clandestinidad, funcionaba un gobierno paralelo  al de los franceses: La Diputación de Álava.
    Se habían recibido instrucciones  de la Junta Central de resistencia para que las Juntas provinciales  se rebelasen contra los franceses y especialmente la de Álava recibió orden de reunirse en Diputación o Junta, según los Fueros de la misma.
    Convocados los procuradores, estos se reunieron en el pueblecito de Tertanga, el 27 de mayo de 1812, nombrándose una Junta particular, ya que era muy difícil reunir a todos los miembros de la Junta General al hacerlo en clandestinidad.
     La segunda Junta se celebró en Orduña el 16 de setiembre. En el santuario de Nuestra Señora de la Encina tuvieron lugar las Juntas de Santa Catalina, convocadas el 25 de noviembre por el General Jefe del Séptimo Cuerpo del Ejército, don Gabriel de Mendizábal.  Ese día quedó nombrado Diputado General don Miguel Ricardo de Álava, General del ejército español y miembro del Estado Mayor de Lord Wellington.
     Como dato curioso  añadiremos que durante la ocupación francesa se creó en Vitoria una logia masónica, la de San Josef,  en la calle de la Zapatería.



LA BATALLA DE VITORIA

"El día más largo"

    En la primavera del año 1813, las tropas francesas eran acosadas por la coalición de tropas hispano – anglo – portuguesas, de tal manera que el Rey  José al verse en esa situación dejó Madrid y retiró su ejército a la línea del Ebro, donde pronto de nuevo la situación se hizo insostenible. Fue entonces cuando José Bonaparte decidió refugiarse en Vitoria, llegando a ella  el día 19 de junio.
    Es en ese contexto cuando el 21 de junio de 1813, lunes,  se desarrolla en la Llanada Alavesa, la conocida como Batalla de Vitoria, en la que el ejército francés sufre una derrota que se puede considerar como definitiva en la Guerra de la Independencia
    La batalla se desarrolló en la zona comprendida a partir de las Conchas de Lapuebla, teniendo los Montes de Vitoria como accidente natural a un lado, las colinas de Montevite (sierra Badaya) y  sierra de Tuyo en la retaguardia aliada y   Júndiz, Zuazo en el centro del conflicto   y el río Zadorra por el  otro lado, con los alrededores de Vitoria de testigo. 





Mapa de la zona donde se desarrolló la Batalla de Vitoria

    Las tropas francesas (60.000 hombres) las mandaba el mariscal  Jean Baptiste Jourdan, mientras que la coalición  Hispano - anglo -portuguesa y alemana era dirigida por sir Arthur Wellesley,  duque de Wellington y el vitoriano general Miguel Ricardo de Álava y Esquível, que contaban con la colaboración de los generales españoles  Morillo y Longa. Las tropas de la coalición la formaban 20.000 españoles, 25.000 portugueses y 35.000 ingleses. Wellington se había desplazado hasta Subijana Morillas desde Quincoces de Yuso.



                                                    El duque de Wellington


     Lo que conocemos como La Batalla de Vitoria en realidad fueron tres  batallas diferenciadas en lugar y tiempo, aunque dependientes entre sí.

 Estas tres zonas, desde el punto de vista aliado, estuvieron delimitadas de la siguiente forma:

a)  Derecha.- El escenario de esta contienda fue desde el paso de la Puebla de Arganzón, conocido como el  “Boquete o Conchas de la Puebla”, entre la carretera de Miranda de Ebro y las cimas de los montes de Subijana y Zumelzu (Montes de Vitoria) hasta Zaldiaran. La dirección de la batalla fue de oeste a este y los combates se dieron desde las siete de la mañana (había niebla y lloviznaba) a las tres de la tarde.   


El general británico Hill, denominado por su tropa"Daddy" Hill. "Papá Hill"

    El general Sir Rowland Hill, que dirigía la maniobra por el flanco derecho de las tropas aliadas, inició las hostilidades por medio de  las tropas españolas del general  Pablo  Morillo, que  tras cruzar el río Zadorra por el puente de Lapuebla de Arganzón y alcanzar las alturas de los montes de Vitoria,  iniciaron violentos ataques contra las tropas francesas de Maransin.  Este frente aliado se enfrentó con las tropas del ejército francés de Andalucía dirigidas por el general Gazan. Los españoles consiguieron hacer retroceder constantemente al enemigo a pesar de la resistencia de éstos. Durante la mañana recibieron refuerzos británicos, tanto junto a ellos,  por las alturas, como por las laderas de los montes para impedir que los franceses que luchaban contra ellos, recibieran refuerzos desde Subijana de Álava y posteriormente desde Zumelzu. La ayuda británica más importante fue de la brigada Cadogan. Hacia el mediodía los hombres de Morillo, que había sido herido de forma leve,  fueron relevados por tropas británicas ( escoceses) , pasando ellos a segunda línea.



Cresterío de los montes de Vitoria por donde atacó el general Pablo Morillo.

   A las tres de la tarde,  el francés Villatte, que había relevado a Maransin en las tropas imperiales, situándose en un collado entre Zaldiaran y Eskibel,  en un último intento de frenar el avance aliado, cosa que consigue tras duros enfrentamientos contra las tropas aliadas,  recibe la orden de retirada de los altos. Con ello acaba la batalla por los montes de  Vitoria. 
    Mientras, el  General Sir Rowland Hill, había avanzado desde La Puebla con lo que quedaba a su disposición de la División de Steward,  hasta Subijana de Álava por el camino Real,  
hasta tomar con poca oposición, hacía mediodía,  Subijana de Álava.
    Durante los duros enfrentamientos en los altos, resulto herido de muerte el coronel británico Cadogan. Éste, al sentir que se le iba la vida, pidió a sus soldados que lo subieran a un alto, desde donde poder ver la retirada francesa antes de expirar. Este acto heroico fue relatado en forma de poema, por varios poetas ingleses. Del mismo modo se elevaron varios monumentos en su honor.



Escena de la Batalla de Vitoria.

b)  Centro.- Se luchó en el espacio comprendido entre la misma carretera  de Miranda, el Camino Real, y el río Zadorra, en la misma dirección oeste a este, desde Nanclares y el puente de Momario o de Mendoza hasta Vitoria. Las hostilidades en este frente se sucedieron desde las once de la mañana hasta las siete de la tarde. Dirigía este cuerpo  de ejército el propio Duque de Wellington con la colaboración de los generales William Beresford, George Ramsay y el  general Miguel Ricardo de  Álava . En su centro izquierda, la maniobra la dirigían los generales Dalhousie y Picton.
    Desde el comienzo de los combates, las tropas francesas fueron perdiendo posiciones y retrocediendo paulatinamente durante todo el día, en unos casos estratégicamente para tomar nuevas posiciones más favorables y en otras ocasiones debido al empuje de las fuerzas aliadas.
    Los franceses en un intento de corregir su error, ya que no habían destruido los puentes sobre el Zadorra y  se veían agobiados por el avance aliado, que sobrepasaron el Zadorra por varios puntos: puentes de Nanclares, Víllodas, Trespuentes y  Momario,ordenaron al General  de artillería Tirlet  que ametrallase a las tropas enemigas desde el alto de Júndiz. El puente de Trespuentes sobre el río Zadorra, estaba sin protección francesa y oculto a la vista de las tropas imperiales. Avisados los aliados de este hecho por un labriego, José Ortiz de Zárate, lo pasaron con 2.600 hombres de la brigada Kempt, que ocuparon el alto de Arkiz (Iruña) lo que facilitó el avance hacia el puente de Momario, que aunque protegido por franceses y alemanes, éstos fueron rechazados hacia la una de la tarde.


Mosquetes y pistola de la época

     Al liberar el puente de Momario se facilitó el paso por él de las tropas de Picton y más tarde de Dalhouise que acudieron a la zona desde la sierra de Badaya. La llegada al puente Momario por parte de las tropas de los generales Picton y Dalhoise, supuso el comienzo del avance de las tropas del centro derecha aliado que avanzaron desde Nanclares. Éstas eran dirigidas directamente por Wellington, aunque teóricamente le correspondía a Beresford, como hemos indicado anteriormente. El Duque ordena avanzar a la 4ª División de Cole en toda la línea. En cuanto a Jundiz, los aliados en un sangriento asalto, tomaron el peligroso cerro,  apresaron  los cañones e hicieron huir a los dragones de Digeon y a otra brigada ligera de caballería que defendían el alto. El alto de Júndiz era también conocido como Inglesmendi, en recuerdo de la batalla perdida allí siglos atrás por otros  ingleses en    las guerras entre Pedro  “El Cruel” y su  hermanastro Enrique.


Puente Momario.


Alto de Jundiz.

    Una vez tomado Júndiz por los aliados, los franceses se atrincheraron  y resistieron en  Aríñez, Margarita, Lermanda, lugares de donde fueron siendo desalojados tras duras batallas. Entonces  artillaron el resalte de  Zuazo.


Margarita, uno de los pueblos donde se combatió duramente.

    Para algunos historiadores, en esos momentos se dio una de las batallas artilleras más importantes de la Guerra de la Independencia. Desde el alto de Júndiz  y una elevación de Aríñez, los aliados de Dickson disparaban por medio de 54 piezas de artillería inglesas, 18 portuguesas y 3 españolas  y los franceses respondían desde el  resalte de Zuazo por medio de 76 piezas. El estruendo,  humo y el olor a pólvora serían notables. La batalla artillera cesó cuando el general Cole, protegido y oculto a las baterías de Tirlet por una serie de colinas, cogió a los artilleros franceses por su flanco izquierdo  obligándoles a huir.


Visión actual desde el resalte de Zuazo, enfrente el alto de Jundiz.


Detalle del resalte de Zuazo.


Vista desde el alto de Jundiz

    Mediada la tarde, la retirada ordenada del ejército imperial, realizada hasta el momento, se convirtió en un “sálvese quien pueda” y en una gran desbandada; sobre todo cuando a las cinco treinta horas, el mando real, ante la brecha abierta por los aliados entre  Gomecha y Zuazo, con el Camino Real hacia Vitoria en medio de ella, ordenó la retirada general del ejército imperial.  Dicha brecha fue aprovechada por las tropas de Cole para acercarse rápidamente hacia Vitoria. Posteriormente, hacia las seis de la tarde,  el general  británico Thomas Picton logró avanzar por el lado izquierdo del avance central, ante la retirada  de las tropas francesas de Drouet d´Erlon, brigadas de Cassagne y Darmagnac. 


Escena bélica.

c)   Izquierda.- Zona que abarcó desde Abechuco y Gamarra Mayor a Durana en ambas orillas del río Zadorra. Los combates se sucedieron desde las doce del mediodía a las siete de la tarde. Gamarra Mayor, si no entero al menos en parte, llegó a cambiar de mano hasta en cinco ocasiones.
    Los aliados, llegados desde Murguía, fueron dirigidos por Thomas  Grahan, participando también el general español  Francisco Tomás  Anchía "Longa" (antiguo guerrillero) con sus tropas.Le acompañaban los hermanos Eustaquio y Fermín Salcedo, 2º regimiento Álava.
     Al llegar a Mendiguren, sobre las doce del mediodía,  los aliados se dividieron en dos grupos, unos con la División anglo - alemana de Howard, se dirigieron por la derecha de los altos de Araka hacia Abetxuko y otros, dirigidos por Longa, acompañados entre otros por la división anglo - portuguesa de Oswald,   por la izquierda de dichos altos hacia Gamarra Mayor, Gamarra Menor  y Durana. 
     El general francés Reille, jefe del ejército de Portugal que defendía esta zona, al divisar la tropa que se le venía encima retiró a su tropa, que estaba concentrada en Aranguiz, hasta el Zadorra, con el fin que este obstáculo natural les sirviera de mejor defensa. Desde Durana hasta Gobeo.
    El fin de los aliados era cortar la retirada francesa por esta zona (Durana) hacia el puerto de Arlabán, que era el Camino Real, la mejor retirada hacia Francia, cosa que consiguieron. Lo consiguieron las tropas de Francisco de Longa. Para ello desalojaron de Gamarra Menor a un pequeño destacamento de soldados españoles afrancesados del marqués de Casa Palacio. Tomando posteriormente Durana, también defendido por los josefinos de Casa Palacio. Éstos se retiraron hasta el puente de Eskalmendi sobre el río Alegría, donde resistieron hasta que recibieron la orden de retirada. Con la toma de Durana por parte de los aliados, quedó cortado el Camino Real de Postas, con lo que  obligaron a los franceses a retirarse por el camino de Salvatierra, ruta no preparada para carruajes. El general francés Reille, aunque perdió Durana,  con su resistencia en Gamarra Mayor y Abetxuko, ante los ataques de las tropas de Oswald y Howard respectivamente, consiguió una retirada ordenada y digna  por la zona de Zurbano, de las tropas que habían combatido en ese frente, y las del ejército francés del Centro, de Drouet D´Erlon, lo que mereció las felicitaciones de Napoleón.


Asalto a Gamarra Mayor

    Después de todos estos  hechos y tras analizar y confirmar la crítica situación del ejército imperial, el rey José I tuvo que salir precipitadamente de Vitoria para no caer prisionero. El general Miguel Ricardo de Álava, con muy buen criterio, hacia las cinco y media de la tarde, se adelantó a las tropas inglesas y por Ali y  el camino de la Cruz Blanca entró en la ciudad al frente de un regimiento de caballería, 1º de Húsares alemanes, acompañado por el Duque de Orange (Guillermo I de Holanda), con el fin de evitar que fuera expoliada por las tropas inglesas.  (San Sebastián no tuvo la misma fortuna y fue saqueada por dichas tropas  “amigas”) Ordenó cerrar todas las puertas de entrada a la ciudad que estaba entonces amurallada.
    Horas después recibió en el Portal de Castilla a lord Wellington, entrando ambos en Vitoria en loor de triunfo y siendo aclamados por los vitorianos que salieron de sus refugios en sótanos y bodegas desde donde habían esperado angustiados el desenlace de la contienda. Wellington descansó unas horas en el palacio de los Álava, para posteriormente  reintegrarse  a la persecución de las tropas francesas.



                                  Retrato de Miguel Ricardo de Álava "El general Álava"





                                    Estatua del general Álava en la Diputación Foral.

La retirada francesa

    Los franceses tuvieron que retirarse por Elorriaga en dirección a Pamplona, ya que el camino previsto y más adecuado,  para si llegaba este caso, era la salida por Durana hacia el puerto de Arlabán, ya que era el Camino Real de Postas,  pero fue bloqueado por las tropas aliadas de Longa desde las dos de la tarde.

Puente de Durana

    En la retirada precipitada de las tropas francesas dejaron abandonado en el campo alavés parte del botín del que se habían apropiado durante los años de gobierno francés en España, así como un carruaje lleno de documentos del rey José. El botín consistió en cuadros de gran valor, joyas de todo tipo, numerosa orfebrería religiosa, y una millonaria cantidad económica en forma de monedas de plata y oro fundamentalmente.
    Para algunos historiadores este fue uno de los mayores botines de la historia moderna. En parte esto fue debido al enorme atasco provocado por una multitudinaria caravana de unos dos mil carruajes, entre vehículos civiles y militares: como piezas de artillería, carros llevando munición y avituallamientos, etc., de tal manera que formaban entre todos una hilera de aproximadamente dieciocho kilómetros de longitud.
     Aquí faltó haber dado las oportunas órdenes para que dicha caravana hubiera empezado la marcha con más horas de antelación, de forma que no provocara semejante atasco.
    Este convoy avanzaba lenta y penosamente debido a lo angosto del camino de Salvatierra, no preparado para carruajes, era de herradura,  con continuos baches y regatas a ambos lados del camino, lo que hacía que frecuentemente los carruajes volcasen o se cruzasen en dicho camino con el consiguiente atasco y retraso, cosa que aumentaba por momentos el nerviosismo de los que huían, sobre todo cuando oían el fragor de la batalla ya cerca o eran sobrepasados por los soldados que ya iban en desbandada sin fusiles, ni mochilas, ni nada que les supusiera una rémora para la huida.
    Estos fueron momentos de histeria entre los fugitivos, de los que fueron testigos los pueblos situados entre Vitoria y Matauco. Escenas de pillaje en el que participaron hombres y mujeres, soldados, cantineras, oficiales, bagajeros y funcionarios; los mismos domésticos y empleados de los grandes señores fueron los primeros que comenzaron el expolio. El tesoro real fue tomado por los propios escoltas, no cesando este saqueo ni con la llegada de las tropas aliadas, que tomaron el relevo a las tropas vencidas con lo que comenzó un nuevo horror. La soldadesca robó, mató y violó sin distinción de edad, clase ni condición. Alemanes, ingleses, portugueses y españoles participaron por igual. Lo que fue horror y desolación para los civiles, resultó positivo para las fuerzas napoleónicas, ya que las tropas aliadas se detuvieron en este punto, entretenidos en el saqueo, cesando la persecución.


                                      "La Batalla de Vitoria"  Óleo de Pablo Uranga

     El rey José metido de lleno en el atasco estuvo a punto de ser hecho prisionero, ya que el capitán Henry Windham, del décimo Regimiento de húsares, al frente de un pelotón, alcanzó la berlina real por un lado, hizo un disparo de intimidación; pero por el otro lado logró escapar el rey a caballo, salvándose por muy poco. Windham pretendió iniciar la persecución, pero comprobó que solamente le habían podido seguir dos de sus soldados, y por otro lado el rey José contaba con un apoyo de cincuenta hombres que comenzaban a disparar contra él, por lo que se vio obligado a renunciar a la persecución. José I llegó dos días después a Pamplona.



                                                                 El rey José I

    Como consecuencia de la batalla de Vitoria, de los ciento cincuenta mil combatientes, murieron unos mil quinientos cincuenta soldados, además de ocho mil heridos aproximadamente. Se contabilizaron ochenta prisioneros aliados, casi todos escoceses; y unos dos mil setecientos soldados imperiales. Con toda seguridad el saqueo al convoy imperial que detuvo el avance aliado, libró al ejército francés de una derrota total, ya que tal como iban, en desbandada y muchos sin el armamento reglamentario, hubieran sido una presa fácil para un ejército motivado por la victoria conseguida.
    Probablemente no hubo más bajas en las tropas francesas, por las dificultades encontradas por la caballería inglesa para avanzar, ya que el terreno estaba plagado de cercas, vallas metálicas y grandes zanjas.

  
Causas posibles de la derrota francesa.

   Como posibles causas de la derrota de la tropas imperiales de Napoleón se apuntan las siguientes:
- La víspera al día de la batalla, cuando José I se disponía a reunirse con su jefe de Estado Mayor, el mariscal Jourdan, con el fin de preparar la estrategia de combate, así como la elección de las mejores posiciones para sus tropas, Jourdan sufrió un acceso de fiebre que le postró en cama durante todo el día, por lo que no pudo realizarse esta planificación.
     Al día siguiente, cuando ya no había remedio, se comprobó que las tropas francesas no estaban situadas en las mejores posiciones y habían dejado flancos y zonas desprotegidas que daban ventajas a las tropas de Wellington y el General Álava. Por otro lado hay que señalar la ventaja del bando aliado al contar en sus filas con el General Álava, gran conocedor de la zona donde se desarrolló la batalla por ser natural de Vitoria.
- Las esperadas tropas francesas de refresco de Clausel, 15.000 hombres, que no llegaron, al ser bloqueadas por las guerrillas españolas (Fernández de Leceta  ” Dos Pelos”, Ezpoz y Mina...) impidiéndoles el paso desde Logroño, donde estaban acantonadas, hacia la Llanada alavesa.
- El no haber dinamitado los siete puentes que salvan el Zadorra, ni haber protegido los diversos vados del mismo río.
- Por otra parte las tropas francesas no estimaron en su real medida la tropa que tenían enfrente, ya que gran parte de los efectivos ingleses, unos veintitrés mil hombres, estuvieron protegidos por la sierra de Tuyo y Badaya, dejando ver únicamente unos pocos efectivos, con lo que los soldados imperiales cayeron en la trampa.
- La decisión errónea de no reforzar las tropas de Durana, constituidas por españoles afrancesados (josefinos), dirigidos por el Marqués de  Casa Palacio, que debían cubrir la retirada hacia Arlabán por el Camino Real en caso necesario; quizá por el engaño citado en el párrafo anterior.
- La baja moral que tenían en ese momento las tropas francesas, no acostumbradas a tener que retroceder.
    La suma de todos estos componentes pudo ser la causa de la derrota de las tropas de José I en las proximidades de Vitoria.


OTROS DATOS DE INTERÉS

- Las tropas aliadas tomaron al ejército francés 680.000 francos, 9.000 cabezas de ganado destinadas a la alimentación de la tropa, 181 piezas de artillería de todos los calibres, 415 carros de munición conteniendo más de 12.000 proyectiles, 2.000.000 de cartuchos y pasadas de 40.000 libras de pólvora, más de un centenar de furgones, así como miles de armas individuales abandonadas, como fusiles, carabinas, sables, etc.
- Parece ser que durante el desarrollo de la batalla, un aldeano guió a los ingleses  de  la brigada Kempt hasta el puente de Iruña  (Trespuentes) que estaba sin protección francesa, facilitando el avance aliado por su flanco izquierdo. Este campesino fue José Ortiz de Zárate. Tristemente pagó con su vida dicha ayuda, ya que fue alcanzado posteriormente por un proyectil de una batería francesa.

                          

                                                          Puente de Trespuentes

                             



            Detalle del monumento a la Batalla de Vitoria, abajo, a la derecha representación de Pilar Acedo, señora de Montehermoso y su hija Amelia.



  Los Generales combatientes en esta batalla fueron:

Tropas Aliadas

Dirigidas por El General Lord Wellington y el General Miguel Ricardo de Álava y Esquível
Ala derecha del ataque: General  Hill
       Centro derecha       :          “        Beresford
       Centro izquierda      :          "        Dalhousie y Picton
       Ala izquierda            .         “         Graham

Tropas imperiales

Dirigidas por el rey José I y el Mariscal Jourdan.

Ejército francés de Andalucía: General Gazan
       Ejército francés del Centro:           "       Drouet D´Erlon
       Ejército francés de Portugal:          "       Reille

                                               Sinfonía musical

    El genial compositor Ludwig van Beethoven compuso una sinfonía de quince minutos de duración,  titulada ”La victoria de Wellington o la Batalla de Vitoria”,  Opus 91, inspirado en la Batalla de Vitoria.


                           Monumento a la Batalla de Vitoria
                       (Monumento al General Álava)

   En memoria de esta batalla, el día 4 de agosto de 1917 se inauguró en la Plaza de la Virgen Blanca un monumento, obra del escultor madrileño   Gabriel Borrás. Éste fue elegido entre los proyectos que se presentaron a una convocatoria del Ayuntamiento. Durante el acto se interpretó la sinfonía de Beethoven antes citada y el pirotécnico D. Policarpo Martínez de Lecea disparó unas bombas especiales. Antes se había depositado una corona de flores en la tumba del general Álava en el cementerio de Santa Isabel.
    La idea de levantar este monumento se fraguó pocos días después de la Batalla. Manuel de Aróstegui, diputado en Cortes por Álava, en la sesión del día 2 de julio de 1813 ya hizo esta proposición. Pero la materialización del monumento tuvo que esperar un siglo. El coste fue de cien mil pesetas de la época.
    Está orientado a los cuatro puntos cardinales. Tiene forma troncocónica, distribuida  en tres pisos. El piso inferior tallado en  piedra de Fontecha, y los dos superiores en bronce.
    La parte superior representa a la Victoria alada, que porta una bandera y un ramo de olivo, como símbolo de la victoria. Debajo, sentada,  está la figura de la Patria, en forma de matrona, apoyada sobre el león que ha derribado al águila de los invasores. y protegiendo a un hombre desnudo que representa al pueblo.Éste porta unas cadenas rotas, símbolo de la liberación del dominio francés. En el segundo piso del monumento,  se colocaron, también en bronce,  las figuras de las tropas aliadas, de entre las que destaca la estatua ecuestre del Duque de Wellington, su jefe en la cara sur.  En la cara este, el general Pablo Morillo representa a las tropas españolas. En la cara norte las tropas portuguesas y en el oeste la Legión Real Germana, que también participó en la batalla. Debajo y unidos por una orla vegetal,  están representados los escudos de las naciones vencedoras. En la parte inferior del monumento, tallado en piedra,  se observa a otro protagonista de la batalla, el General Álava, montado a caballo y alentando a los vitorianos en la lucha contra el francés, y en la defensa de la ciudad. Además en la cara norte,  incluye al dios Marte, dios mitológico de la guerra, en actitud de indicar el camino de Francia a los vencidos.




Monumento a la "Batalla de Vitoria"



                 Proyecto de monumento que no ganó el concurso correspondiente  A.M.V.G.


        El Dragón

      Existe en Toledo un viejo cañón que participó en la Batalla de Vitoria, conocido como el “Dragón”, siendo una pena que no esté en el Museo de Armas de Vitoria.  
    Parece ser que lo encontraron unos jóvenes vitorianos, alguno de ellos hospicianos, el día siguiente a la batalla, regalándolo a Vitoria el duque de Wellington.
   En el año 1824 lo utilizaron los realistas de Valentín Verástegui y luego los carlistas lo arrebataron y lo ocultaron en Oñate hasta el final de la guerra, pasando después al Parque de Artillería de Santoña (1852 ), el Museo de Artillería e Ingenieros, en Madrid y por fin al museo del Ejército de Toledo. Al cañón acompaña un lema que dice así:

“Soy el temible Dragón a quien liberaron con gloria los jóvenes de Vitoria del poder de Napoleón.”


                                                            El cañón Dragón


La Batalla de Vitoria e Inglaterra

    Si la Batalla de Vitoria supone un importante hito en la Historia de España, no lo es menos en la historia de Inglaterra. Los ingleses dan a esta victoria contra Napoleón el valor de una de las grandes hazañas de la historia de sus ejércitos. Se atribuyen, no sin razón, todo el mérito de la derrota de los franceses, y fue celebrada con grandes fiestas durante varios días.
    La noticia tardó varios días en llegar a las islas Británicas, démonos cuenta de que las comunicaciones de entonces no eran las de ahora. El mensajero que llevó la noticia, capitán Fremantle, no arribó al puerto inglés de Plymouth hasta el día 2 de julio, y al día siguiente llegó a Londres con los mensajes, cartas y partes de guerra.
   Como cosa curiosa decir que durante los meses siguientes, en Londres las señoras vestían la moda "Vittoria", diseñada por la modista de la Princesa de Gales.


  Dos testimonios de aquélla época
(Figuran en el libro de bautismos de la parroquia de Elorriaga)  Elorriaga 1813

   Don Juan Isidoro Beovide, Presbítero cura y beneficiado de la iglesia parroquial de Elorriaga certifica que en la retirada de los franceses, después de batido y derrotado su ejército en la memorable Batalla de Vitoria el 21– 6 - 1813, entre otros efectos que fueron saqueados en esta iglesia, uno fue el libro corriente de bautizados.

    También según el sacerdote de Elorriaga D. Lucas Vélez de Elorriaga:

    “Días antes del 21 de junio de 1813 en que se dio la memorable Batalla de Vitoria, los franceses establecieron su cuartel general en Vitoria, desde donde se esparcían por los pueblos de alrededor llenando de terror a sus habitantes, por lo que la mayor parte de ellos huyeron a los montes y pueblos distantes, abandonando sus casas y haciendas al pillaje de los soldados franceses, hasta que derrotados y vencidos en todos los campos de las inmediaciones de Vitoria por los ejércitos aliados, se vieron los restos de las tropas vencidas en la necesidad de abandonar este país con una fuga precipitada y en el mayor desorden. Por este lugar siguieron el camino de Pamplona.
    Entonces, los vecinos De Elorriaga reconocieron que no fueron vanos sus temores, pues bajando al pueblo vieron que todas las puertas y cerraduras habían sido violentadas y que algún vecino que no tuvo la prudencia de huir como los demás, sufrió la desgraciada suerte de ser asesinado con la mayor inhumanidad.
    Entre los libros, papeles y efectos que se echaron en falta se encuentra el libro de bautizados y confirmados”


  
Vitoria tras la Guerra de la Independencia

     Tras el abandono de Vitoria por los franceses, la situación  en la ciudad era lamentable,  el caos  más lamentable se enseñoreó  en ella.  La huella de varios años de situación de guerra y de ocupación francesa  se notaba en la dejadez en el mantenimiento de los edificios, de las calles, la suciedad,,,  Los hospitales llenos de heridos, enfermos, faltaban medicinas, facultativos para atenderlos, y dinero para subsanarlo…Pero sobre todo lo más grave era la desconfianza que flotaba en el ambiente, sobre todo para aquellas personas sospechosas de afrancesamiento.  En esas difíciles circunstancias fue elegida una nueva Corporación Municipal, siendo nombrado para presidirla don Joaquín María Hurtado de Mendoza, Conde de Villafuente.  Una de sus primeras decisiones  fue celebrar un solemne Te Deum y  una serie de festejos que duraron cuatro días.  Es en esa época cuando surge el primer periódico  vitoriano, “El Correo de Vitoria”. Duró poco tiempo porque al derogarse en 1814 la conocida como  la Constitución de 1812  “La Pepa“, este periódico desapareció.
      Fruto de la desconfianza citada anteriormente fueron los disturbios acaecidos el 12 de febrero de 1814, a causa del paso por Vitoria de Manuel González de Viñaspre, oficial del Resguardo durante el Gobierno intruso.  Cuando llegaba a la calle San Francisco, frente al Portal de la Pintorería, el carromato que llevaba el mobiliario de  este oficial, fue asaltado  por la muchedumbre. Los  enseres fueron arrojados del vehículo y González de Viñaspre fue maltratado. Con grandes dificultades pudo contener el tumulto el alguacil Julián Rezábal, pudiendo la familia asaltada recoger sus pertenencias y seguir su camino.
     Pero los ánimos no se calmaron del todo, de tal manera que cuando  el carro se detuvo junto a la puerta de San Bartolomé, obligado  por un nuevo piquete, el Alcalde tuvo que ordenar la detención del afrancesado,  presionado por  la creciente  petición de tal medida por parte  del pueblo.  Así se intentó  evitar males mayores.
     Para entonces  la marea de odio puesta en marcha se hizo incontenible y no conformes con la detención  señalada, la turba continuó  en manifestación hasta las casas de los que más se habían manifestado como adictos al Régimen del Rey José. En una fonda de la entrada de la calle  Correría, exigieron la entrega del cocinero y de dos sirvientes  de origen francés. En la Pintorería, insultaron  y agredieron a Pedro Marchal,  que tuvo que ser llevado al hospital en muy mal estado. Apedrearon la casa del Marqués de la Alameda, estando su dueño ausente.   Condujeron a la cárcel  a doña  María Antonia Esquível, hija de los Marqueses de Legarda, acusada de afrancesada. Corrieron la misma suerte: el comerciante francés Bagnères, el Marqués de Narros, don José Tapia, el ex Alcalde don Quintín Casas, el presbítero don José Vélez de Elorriaga, Tomasa Galarza  “La Zaroca”, los hermanos Urrechu y  otros tantos hasta cuarenta.
     Como el tumulto  fue creciendo en su dimensión  y en vista que las autoridades civiles se veían impotentes  ante tal estado de cosas, fue el ejército el que tuvo que tomar la iniciativa, poniendo fin a los desmanes  por la fuerza.
     Por la noche patrullaron cuadrillas de soldados  por las calles de la ciudad  y ya parecía todo calmado cuando al día siguiente 13 de febrero se reprodujeron los incidentes, al ser asaltada la casa del panadero francés señor Tournan por un grupo de  soldados, mujeres y gentes desconocidas, que saquearon los hornos. En los incidentes un soldado portugués, en el  barullo del momento, disparó su fusil matando a uno de sus compatriotas. 

RECREACIÓN DE LA "BATALLA DE VITORIA"
 (Olárizu, junio de 2014)








Fotos de Ramón Puelles Gómez




Para saber más:
"Álava en sus manos"    Varios                  Edit. Caja P. de Álava 1983
"De Túbal a Aitor"     Iñaki Bazán (direct.) Edit. La esfera de los libros. 2002
"Vida de la Ciudad de Vitoria"  Tomás Alfaro Fournier Edit Dip. foral de Álava. 1996
"Síntesis de la Historia del P.Vasco"  Martín de Ugalde Edit. Elkar S.A. 1983
"Historia de Vitoria"  P.Manzanos y J.M. Imízcoz    Edit. Txertoa 1997
"Rincones con renombre" Elisabeth Ochoa de Eribe y Ricardo Garay  Edit. Fundación Mejora 2012
"La Batalla de Vitoria - 1813"  Emilio Larreina         Edita Almena Ediciones  2009




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