miércoles, 9 de mayo de 2012

Historia de Vitoria - Gasteiz - 24º capítulo




ORGANIZACIÓN SOCIAL

LAS VECINDADES

      Después de la decadencia de las ciudades europeas en la Baja Edad Media, tras la caída del Imperio Romano, éstas fueron abandonadas por sus habitantes debido a la inseguridad de ellas en esa época convulsa.  Buscaban la seguridad en el campo, al amparo de los señores feudales, los cuales les daban cobijo y seguridad a cambio de su servidumbre.  Sin embargo, en la Baja Edad Media y principios de la Edad Moderna, los distintos reyes europeos, van creando villas y ciudades reales, que ponen bajo su protección, concediendo además unos privilegios y fueros a sus habitantes. Esto hace que muchas personas hagan el camino inverso al descrito para la Alta Edad Media, ahora su destino son las villas y ciudades. en ellas se ven seguros, libres de los abusos de los señores en sus dominios, tienen oportunidad de trabajar en un abanico mayor de actividades de una ciudad: albañiles, pintores, comerciantes, artesanos variados... De esta forma hacia 1500, en la  Europa latina había unas 154 ciudades con más de 10.000 habitantes
    Ahora la concurrencia de personas es mayor que en las aldeas señoriales, por lo que son más necesarias reglas para una adecuada vida en común. Porque vivir en comunidad tiene su complicación, exige un orden, unas normas de convivencia (leyes) que además de dar seguridad, indiquen cómo comportarse, saber a qué atenerse. 
  Reglas con las que saber a qué atenerse en la convivencia diaria y que además les da seguridad, que era lo que buscaban. Estas normas o leyes para la convivencia, varían sobre una base común a lo largo y ancho de Europa. También lo hace la forma de agrupación vecinal.  Por ello las ciudades se organizan, creando instituciones, distritos, barrios, etc.

    La forma de organización social  en la ciudad de Vitoria, desde la Edad Media eran las vecindades. Los vecinos de Vitoria se asociaban  entre sí para intercambiar diversas ayudas y servicios.  
    La distribución de las vecindades, en su mayor parte correspondía a tramos de calles separadas por cantones, de cantón a cantón (también llamados callijos en algunos documentos). Cada una de ellas se ponía bajo la advocación de una Virgen o un Santo. Estas circunstancias se cumplían  en las calles de la Herrería, Zapatería, Correría, Cuchillería y Pintorería, esto es las calles gremiales. En otros casos la vecindad correspondía a una calle entera, como la calle Nueva Dentro (antigua Judería) o incluso barrios enteros como Villa Suso o el Arrabal. Se nombraban por su orden y el nombre de la calle, ejemplo: primera vecindad de la Correría (o Correería), segunda vecindad, etc.
    El número de vecindades en nuestra ciudad era de veintiuna o veintidós (según fuentes consultadas). Pensemos que el casco urbano de Vitoria, durante siglos se limitó al recinto amurallado, a lo que actualmente conocemos como Casco Viejo o Casco Medieval. Hubo que esperar al último tercio del siglo XVIII, a que nuestra ciudad se desarrollase fuera de sus murallas.
    La distribución de vecindades de oeste a este, sería así:  1ª, 2ª, 3ª  y   vecindad de la Herrería ( la HerrerÍa era, junto al barrio de Villa Suso, la principal calle),  1ª, 2ª, 3ª Y 4ª vecindad de la Zapatería,  1ª, 2ª   y 3ª vecindad de la Correría; vecindad de villa Suso (la villa de arriba); 1ª, 2ª y 3ª  vecindad de la Cuchillería; 1ª y 2ª  vecindad de la Pintorería; vecindad de la calle Nueva Dentro; vecindad de Santo Domingo de Dentro; vecindad de Santo Domingo de Fuera y Arrabal.
    Las vecindades fueron para sus miembros, sobre todo un sistema de cohesión , de solidaridad, de identidad y de seguridad mutua, donde se materializaba el sentido de “pertenencia a” , cosa tan importante en otros tiempos, frente a la libertad personal actual, que a veces puede caer en el individualismo. Si comparamos las vecindades con otro sistema de agrupación como pudieron ser las parroquias, veremos que estas últimas eran de asociación voluntaria, es decir, que cada uno se vinculaba con la iglesia que le interesara. La pertenencia a una vecindad era obligatoria, según la calle en que se viviese.

ORDENANZAS 
   
    Parece ser que hasta finales de la Edad Media cada vecindad se gobernaba por sus Ordenanzas particulares, lo que daba lugar a diferencias de unas Ordenanzas con otras. El dieciocho de setiembre de 1483, siendo alcalde Pedro Martínez de Álava, el Concejo y Diputación de la Ciudad ordenó llevar al Concejo dichas Ordenanzas para unificarías, con el fin de que todas las vecindades se rigieran con los mismos criterios. Las ordenanzas trataban de aparte de poner orden, estrechar los lazos de buena relación entre los vecinos y vecinas.
    La vecindad que usara las antiguas normas sería penalizada con 2.000 maravedies.
    A lo largo de la Edad Moderna fueron adquiriendo mayores facultades,  siendo unas magníficas colaboradoras  en todos los ámbitos de la competencia del Ayuntamiento”, contribuyendo así al buen funcionamiento de la vida diaria colectiva.


Los cantones dividen vecindades. (Cantón de la Soledad)

 TAREAS


Veamos algunas de las tareas de las vecindades que descargaban la responsabilidad municipal:
    Las vecindades eran las encargadas de la confección de los padrones de población, llevaban a cabo las tareas de limpieza y acondicionamiento de las calles (veredas), colaboraban en el alojamiento de tropas cuando pasaban los ejércitos por Vitoria, o en los preparativos de la Ciudad para recibir a personajes de la realeza, o con ocasión de grandes acontecimientos como victorias bélicas, o el paso de reyes, príncipes o princesas, también participaban en los preparativos de las celebraciones por dichos motivos. Las vecindades servían de enlace entre el Ayuntamiento y los vecinos.

GOBIERNO


Cada vecindad estaba dirigida por dos mayorales, elegidos por un año el día siguiente a la Pascua del Espíritu Santo. Para ser nombrado mayoral era indispensable ser vecino de dicha vecindad, que no morador, categoría con menos responsabilidades vecinales, pero con menos derechos, ya que eran considerados como personas de paso, sin intención de integrarse plenamente. Generalmente estos cargos los ejercían los grupos de notables” de la ciudad, siendo raro el nombramiento de artesanos.
    Los mayorales convocaban a todos los vecinos en Asamblea los días de Pascua de Navidad, Resurrección y Espíritu Santo. La asistencia era obligatoria. En caso de necesidad podían convocarse reuniones extraordinarias. Tras una comida en común, pagada a escote, trataban de todo lo relativo al funcionamiento de la vecindad, fundamentalmente en todo lo relacionado a intentar satisfacer algunos servicios colectivos, como contribuir a la seguridad y la higiene, facilitar ayuda mutua y lograr la concordia entre todos los vecinos.
    Posteriormente, en 1747, las Ordenanzas municipales citaban la existencia de un sobremayoral, dos mayorales y dos contadores. El sobremayoral pasaría a ser un controlador más directo, por parte del Ayuntamiento, de los mayorales y de la vecindad en sí. Los contadores, por su parte, llevaban las cuentas de los bienes de la vecindad. Estos  bienes resultaban de las multas impuestas, de donaciones de vecinos pudientes, de aprovechamiento de pisos o fincas propiedad de la vecindad...

FUNCIONES


    Con el fin de atender a todos estos aspectos, los mayorales desempeñaban una serie de funciones como:
    Trasmitir a los vecinos las órdenes del alcalde y dar a éste información sobre los problemas que pudiera tener la vecindad. Intermediar en los conflictos entre vecinos. Si unos vecinos se habían enemistado y no atendían a la mediación de los mayorales y no querían reconciliarse, tras tres amonestaciones, eran echados de la vecindad. Otras vecindades no los podían acoger hasta que no se reconciliasen.
    Otra función era recibir a nuevos vecinos y tras comunicarlo a los demás vecinos y al Procurador General de la Ciudad, y una vez revisados sus informes, si estos eran buenos, el nuevo vecino era admitido, y como celebración de bienvenida, el primer o segundo domingo de su establecimiento, tomaban una colación que era pagada a escote por todos. De todos modos la última palabra para su asentamiento la tenía el Ayuntamiento. El aspirante para obtener su” licencia de vecindad” debía comprometerse a someterse a todas las obligaciones tributarias y de otra índole que suponía ser considerado miembro de la comunidad. Era necesario hacer lo mismo si una persona se casaba o ponía casa propia. Al decir que revisaban sus informes nos referimos a una práctica de otros tiempos, consistente en que el aspirante tenía que demostrar su “limpieza de sangre”. Es decir, dejar claro que ni sus padres, abuelos y demás ascendientes tuvieran nada que ver con judíos, moros, moriscos, ni mala secta probada, ni que hubiesen sido penitenciados por el Santo Oficio de la Inquisición por crimen de herejía u otro delito alguno. Por otra parte el nuevo vecino debía demostrar tener medios económicos suficientes o habilidades artesanales que dejaran claro que no iba a suponer ninguna carga para los demás vecinos. (En otras épocas una persona de tránsito por Vitoria, si a los tres días no demostraba que era autosuficiente, era considerado como vagabundo, siendo encarcelado y posteriormente expulsado de la ciudad.)
    Los mayorales también se encargaban de que la moral y las costumbres de sus convecinos fueran las consideradas en la época como correctas, para ello vigilaban que las personas que estaban de posada, estuvieran libres de sospecha de conducta irregular, amancebamiento, o conducta escandalosa, bien fueran hombre o mujer, pudiendo el encubridor ser expulsado de la vecindad o de la ciudad en caso de incumplimiento de esta norma.
    Tenían que visitar dos o tres veces al año todas las chimeneas para ver si estaban limpias con el fin de prevenir incendios; en días de fuerte viento y con el mismo fin tenían que estar vigilantes, para ello los mayorales organizaban rondas con vecinos; también cuidaban que los vecinos no almacenasen materiales susceptibles de provocar incendios. Hay que tener en cuenta que Vitoria a lo largo de su historia ha sufrido numerosos incendios de importancia.


        

                                 Calle Correría en la actualidad


    Cuando había que llevar a los enfermos el Santísimo Sacramento (Viatico) o en caso de defunción, los mayorales avisaban a todos los vecinos y tras dotarles de unas hachas de cera tenidas preparadas para esos casos, les hacían acompañar al Santísimo o al cuerpo del fallecido a la sepultura, llevándole en hombros los vecinos más cercanos a su casa (los vecinos de ambos lados de la casa del difunto (costaneros)  y los dos de la casa de enfrente (portaneros delanteros) Mientras duraba el sepelio, ningún miembro de la vecindad podía realizar trabajo alguno, ni artesanal ni de mercadería.
     Los mayorales custodiaban las herramientas propias de la vecindad: antorchas, picos, palas..., además la llave de la hornacina que contenía al Patrón o Patrona de la vecindad ; cobraban las multas (una tercera parte de ellas eran para ellos)...
La pertenencia a una institución de este tipo llevaba a un intercambio de servicios y favores entre sus miembros, por ello la vecindad procuraba protección y cuidado a las mujeres más desfavorecidas. La solidaridad vecinal se manifestaba, entre otras cosas, en la labor de beneficencia con sus propios vecinos. Para ello en varias vecindades existían Obras Pías fundadas por sus vecinos y administradas por la propia vecindad, unas para dotar doncellas pobres, otras para sostener dos o tres plazas para el asilo de mujeres pobres o viudas, incluso llegando a poseer en algunos casos un Arca de Misericordia.

Para ello en varias vecindades existían Obras Pías fundadas por sus vecinos y administradas por la propia vecindad, unas para dotar doncellas pobres, otras para sostener dos o tres plazas para el asilo de mujeres pobres o viudas, incluso llegando a poseer en algunos casos un Arca de Misericordia. Por ejemplo, en 1744, Rosalía de Bolangero tuvo que ser ayudada por la primera vecindad de la Correría, que le concedió una dote para que se pudiera casar. Esta vecindad tenía una “Obra pía para dotar a doncellas pobres y virtuosas” Rosalía era hija del platero y relojero Santiago de Bolangero que pasaba en ese momento por dificultades económicas. Esta familia procedía de Toulouse (Francia)
Con el paso del tiempo las vecindades evolucionaron, estando más estrechamente controladas por el Concejo de la Ciudad. En 1747, las Ordenanzas municipales citaban la existencia de un sobremayoral, dos mayorales y dos contadores por vecindad.
En tiempos recientes el concepto de vecindad se ha ido diluyendo, siendo asimilado el término a los vecinos de un portal. Las únicas manifestaciones que recordamos de ellas en tiempos recientes son las fiestas de vecindad y las hornacinas de las advocaciones que ejercían de patrón o patrona de cada vecindad. Esta institución ha sido sustituida por las Asociaciones de barrio.
Importante es la descripción que hizo sobre las vecindades en 1615, Pedro de Mantuano, bibliotecario y secretario de Juan de Velasco. 


Hornacina con la imagen de la Virgen Blanca, en la primera vecindad de la calle Correría.

Relación de imágenes de vírgenes y santos, patronos de las vecindades.

Correría:  1ª  vecindad - Virgen Blanca, 2ª - Virgen de la Vega, 3ª - Santa Ana, 4ª - Virgen de la Visitación

Zapatería: 1ª    - San Felipe y Santiago, 2ª - Nuestra Sra. del Rosario, 3ª - San Miguel Arcángel,  4ª - Nuestra Sra. de la Merced.

Herrería.:  1ª  - San Roque, 2ª - San Luis Gonzaga, 3ª - Nuestra Señora de la Buena Leche, 4ª Nuestra Señora Buen Camino.

Calle Santo Domingo: Nuestra Sra. de la Esperanza.

Cuchillería:     1ª vecindad - San Roque, 2ª - San Antonio Abad, 3ª -  San Marcos.

Pintorería: 1ª vecindad - San Pedro de Osma. 2ª  - Invención de la Santa Cruz.


    Este tipo de organización no es exclusivo de Vitoria – Gasteiz, existe con otros nombres y particularidades por toda Europa. En Álava sin ir más lejos las tenemos en Alegría (cuadrillas), Laguardia (cuarterones), Arceniega y Laudio (calles)… 


COFRADÍAS VITORIANAS


    Otra forma de asociarse los vitorianos, aparte de las asociaciones gremiales y las vecindades, era la de reunirse en Cofradías religiosas. Parece ser que ésta era una forma bastante frecuente de asociación en las ciudades de Europa.
    Las cofradías eran asociaciones que tenían un objetivo religioso, en torno a un santo patrón, pero al mismo tiempo servían como elemento de unión en convivencia y como préstamo de asistencia mutua. Se financiaban de diversas fuentes, pero sobre todo de aportaciones de los cofrades y de particulares.
    Entre las treinta y un cofradías existentes en Vitoria a finales del s. XVI, distinguiremos dos tipos de cofradías:


a) Cofradías eminentemente religiosas y abiertas a la población en general.
Ejemplo: Cofradía del Santísimo Sacramento en la iglesia de San Pedro; otra cofradía de San Cristóbal, junto a Olárizu; cofradía de San Juan de Arriaga, llamada de los Ciegos; la de San Antón, asentada en la iglesia de San Pedro; la de San Luis; la del Rosario de Nuestra Señora, en el convento de Santo Domingo. La imagen de esta última, fue traída desde Flandes en 1510, por el rico comerciante vitoriano, Diego Martínez de Maeztu. Durante su venida parece que hizo un milagro, al parar una terrible tempestad que puso en peligro al barco que la traía. Esta advocación de María fue durante mucho tiempo la de más culto de Vitoria, hasta ser desplazada por la  advocación a La Blanca.

b) Cofradías gremiales, reservadas a los artesanos de un mismo oficio.
Ejemplo: La cofradía de San Llorente, del gremio de las tenerías; la de San José de los carpinteros, ebanistas, etc.; la de San Crispín y Crispiniano de los zapateros, curtidores y todos los que labran el cuero; la de San Damián que reunía a los médicos, cirujanos, barberos y boticarios en San Miguel.
    Capítulo aparte sería la cofradía de la Vera Cruz, ya que en el s. XVIII estaba gobernada por el propio Ayuntamiento que elegía como mayordomos a sus dos regidores.
    Este tipo de organizaciones hizo que en Vitoria a las fiestas del calendario oficial religioso que se celebraba en las cinco iglesias, había que añadir las fiestas religiosas que organizaban las diferentes cofradías. Estas fiestas eran de mayor o menor entidad, dependiendo de la importancia y capacidad financiera de las diferentes cofradías. Así podían ir de la celebración más sencilla, una misa, a otras con celebración de vísperas, misas solemnes dedicadas al santo patrón, procesiones y otros festejos públicos.
    Las cofradías se creaban bajo la autoridad del obispo de la diócesis de Calahorra y la Calzada y del Ayuntamiento de la ciudad, quienes aprobaban sus ordenanzas. El obispo vigilaba el funcionamiento de las cofradías con ocasión de las visitas pastorales.
    Todas las cofradías estaban adscritas a conventos y parroquias en donde tenían un altar, un oratorio o algún lugar reservado donde desarrollar sus asambleas y actividades piadosas. Había mucha relación con sacerdotes y religiosos, a los cuales encargaban misas, sermones, etc.
    Las cofradías estaban dirigidas por un Abad y varios Mayordomos, que eran elegidos cada año en la Junta anual que se celebraba tras la fiesta patronal.






    La pertenencia a una cofradía en otros tiempos, no sólo era una manifestación de la religiosidad de una persona, sino que al mismo tiempo suponía un status dentro de la sociedad vitoriana. Por ello los” notables” de la ciudad se aseguraban los puestos más destacados dentro de las cofradías, como el de abad o mayordomo, ya que eso reafirmaba su puesto dominante en la jerarquía social. Incluso cuestionar esa jerarquía dentro de estas agrupaciones sociales, fue motivo de algunas disputas, como las que enfrentaron, allá por 1727, en el convento de Santo Domingo, a don Juan Antonio Fernández de Apodaca, caballero de la orden de Santiago, y a don Juan Félix Gaitán de Ayala, marqués de Aravaca. Ambos eran mayordomos de la cofradía de la Virgen del Rosario. El enfrentamiento fue por una cosa tan nimia, como colocar el primero unas flores en el altar mayor, sin consultarlo con el segundo. La bronca comenzó verbalmente, pero llegó a un violento enfrentamiento cuerpo a cuerpo en el exterior del convento, durante el cual, el caballero de Santiago llegó a pinchar con un espadín al marqués de Aravaca, hiriéndole levemente. Tuvieron que separarles varias personas, entre ellas dos curas, teniendo incluso que intervenir en la pacificación el alcalde de la ciudad.
    Una cofradía que fue adquiriendo progresivo protagonismo fue la de la Virgen Blanca, cuya primera cofradía fue fundada por el gremio de los cereros, el 17 de junio de 1613, ante el notario Pedro Beltrán de Nanclares. El proceso de fundación comenzó el 30 de noviembre de 1612, cuando el gremio de los cereros envió en su nombre, a Pedro de Varrón y a Miguel de Zurita, para que el obispado de Calahorra lo aprobase.
    La devoción a esta advocación fue aumentando con la creación de nuevas cofradías en su entorno, hasta cuatro, e incluso por la adopción como patrona por varias vecindades.
    Las fiestas celebradas en su honor fueron desplazando a las antiguas fiestas patronales, hasta que en 1884, la Virgen Blanca acabó siendo elegida por el Ayuntamiento, patrona principal de la ciudad. El diecisiete de octubre de 1954, fue solemnemente coronada.

Para saber más:

"Álava en sus manos"    Varios                  Edit. Caja P. de Álava 1983
"De Túbal a Aitor"     Iñaki Bazán (direct.) Edit. La esfera de los libros. 2002
"Historia civil de Álava" J.J. Landázuri      Edit. Gran Encicl. Vasca 1973
"Historia de Álava"   A. Rivera (direct.)     Edit. Nerea S.A. 2003
"Síntesis de la Historia del P.Vasco"  Martín de Ugalde Edit. Elkar S.A. 1983
"Historia de Vitoria"  P. Manzanos y J.M. Imízcoz    Edit. Txertoa 1997
"La vida cotidiana en Vitoria en la edad Moderna y contemporánea" José Mª Imízcoz y otros. Edit.Txertoa  1995
"Rincones con renombre" Elisabeth Ochoa de Eribe y Ricardo Garay  Edit. Fundación Mejora 2012
"La ciudad medieval" Orígenes y triunfo de la Europa urbana. Thierry Dutour Edit. Paidós 2004
"Agrupaciones vecinales alavesas" Joaquín Jiménez  Boletín de la Institución "Sancho El Sabio" año XIII, tomo XIII 1969
"Vecindades vitorianas. Ordenanzas de 1483 y unos comentarios a las mismas" Gerardo López de Guereñu, Boletín municipal de Vitoria. nºs 5 y 6, 1961






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