martes, 8 de enero de 2013

Historia de Vitoria-Gasteiz - 29 capítulo





CAPÍTULO VEINTINUEVE

Vitoria tras la Guerra de la Independencia

  Tras el abandono de Vitoria por los franceses, la situación  en la ciudad era lamentable,  el caos  más lamentable se enseñoreó  en ella.  La huella de varios años de situación de guerra y de ocupación francesa  se notaba en la dejadez en el mantenimiento de los edificios, de las calles, la suciedad,,,  Los hospitales llenos de heridos, enfermos, faltaban medicinas, facultativos para atenderlos, y dinero para subsanarlo…Pero sobre todo lo más grave era la desconfianza que flotaba en el ambiente, sobre todo para aquellas personas sospechosas de afrancesamiento.  En esas difíciles circunstancias fue elegida una nueva Corporación Municipal, siendo nombrado para presidirla don Joaquín María Hurtado de Mendoza, Conde de Villafuente.  Una de sus primeras decisiones  fue celebrar un solemne Te Deum y  una serie de festejos que duraron cuatro días.  Es en esa época cuando surge el primer periódico  vitoriano, “El Correo de Vitoria”. Duró poco tiempo porque al derogarse en 1814 la conocida como  la Constitución de 1812  “La Pepa“, este periódico desapareció.


                                            Plaza de las Brullerías

      Fruto de la desconfianza citada anteriormente fueron los disturbios acaecidos el 12 de febrero de 1814, a causa del paso por Vitoria de Manuel González de Viñaspre, oficial del Resguardo durante el Gobierno intruso.  Cuando llegaba a la calle San Francisco, frente al Portal de la Tintorería, el carromato que llevaba el mobiliario de  este oficial, fue asaltado  por la muchedumbre. Los  enseres fueron arrojados del vehículo y González de Viñaspre fue maltratado. Con grandes dificultades pudo contener el tumulto el alguacil Julián Rezábal, pudiendo la familia asaltada recoger sus pertenencias y seguir su camino.
     Pero los ánimos no se calmaron del todo, de tal manera que cuando  el carro se detuvo junto a la puerta de San Bartolomé, obligado  por un nuevo piquete, el Alcalde tuvo que ordenar la detención del afrancesado,  presionado por  la creciente  petición de tal medida por parte  del pueblo.  Así se intentó  evitar males mayores.
     Para entonces  la marea de odio puesta en marcha se hizo incontenible y no conformes con la detención  señalada, la turba continuó  en manifestación hasta las casas de los que más se habían manifestado como adictos al Régimen del Rey José. En una fonda de la entrada de la calle  Correría, exigieron la entrega del cocinero y de dos sirvientes  de origen francés. En la Pintorería, insultaron  y agredieron a Pedro Marchal,  que tuvo que ser llevado al hospital en muy mal estado. Apedrearon la casa del Marqués de la Alameda, estando su dueño ausente.   Condujeron a la cárcel  a doña  María Antonia Esquível, hija de los Marqueses de Legarda, acusada de afrancesada. Corrieron la misma suerte: el comerciante francés Bagnères, el Marqués de Narros, don José Tapia, el ex Alcalde don Quintín Casas, el presbítero don José Vélez de Elorriaga, Tomasa Galarza  “La Zaroca”, los hermanos Urrechu y  otros tantos hasta cuarenta.
     Como el tumulto  fue creciendo en su dimensión  y en vista que las autoridades civiles se veían impotentes  ante tal estado de cosas, fue el ejército el que tuvo que tomar la iniciativa, poniendo fin a los desmanes  por la fuerza.
     Por la noche patrullaron cuadrillas de soldados  por las calles de la ciudad  y ya parecía todo calmado cuando al día siguiente 13 de febrero se reprodujeron los incidentes, al ser asaltada la casa del panadero francés señor Tournan por un grupo de  soldados, mujeres y gentes desconocidas, que saquearon los hornos. En los incidentes un soldado portugués, en el  barullo del momento, disparó su fusil matando a uno de sus compatriotas.


Tumulto en el Corpus de 1815

    El 25 de mayo de 1815 se produjo en Vitoria un nuevo tumulto que reflejó la antipatía e incluso odio que se había generado en Vitoria contra todo lo francés durante la dominación de éstos.
    Por aquellas fechas se estaba organizando en Vitoria, con permiso del Gobierno de Madrid, el regimiento de caballería de  ”María Teresa”  para el servicio de Luis XVIII de Francia  (Éste aspiraba a recuperar la monarquía para Francia, entonces convertida en República.) Estaba siendo formado por emigrados franceses y desertores de las tropas de Napoleón.
    Esa tarde de Corpus, hacia las seis y media, al regresar los caballos del regimiento francés después de haber estado pastando en el campo, se desbocaron frente a las calles Nueva y de la Pintorería, tal vez asustados por el ruido de panderos y de las parejas que bailaban frente a dichas calles. Los caballos se lanzaron en veloz carrera y atropellaron a dos mujeres y dos niños que presenciaban el baile. Una de las mujeres estaba embarazada. Ante los gritos y los lamentos de los atropellados,  un grupo de vecinos se revolvió contra los franceses, acusándolos de provocar el descalabro.
     No sirvieron de nada las excusas que presentaron los soldados franceses. Se apoderaron de los caballos haciendo caso omiso a las reclamaciones del capitán don Juan Crouzas para que los devolvieran. Los insultos entre una y otra parte fueron aumentando de tono, terminando en agresiones con palos y pedradas. El motín fue a más alcanzando tal proporción que necesitó la presencia de las autoridades locales. Pero los requerimientos del Alcalde D. Diego Manuel de Arriola y Esquível, el Diputado General   D. Ramón de Zubía y el gobernador militar de esta plaza D. Manuel Trevijano presentados en el lugar fueron infructuosos, e incluso fueron empujados, golpeados con piedras y palos y escarnecidos por la multitud fuera de si. Las autoridades escaparon por fin de las iras de los levantiscos con la ayuda de otros vitorianos más serenos y por la llegada de dieciséis  soldados de artillería armados con tercerolas.



Calle San Francisco, lugar donde se iniciaron los hechos.

    Las autoridades locales procuraron por todos los medios proteger aun con riesgo de su propia integridad la de los dos generales, un coronel, un teniente coronel, capitanes, oficiales y soldados franceses implicados. El Diputado General se llevó una pedrada en el hombro, el Gobernador Militar, Brigadier Trevijano, se tuvo que retirar con el piquete de artilleros, herido en una ceja  y con un fuerte palazo en el hombro  y el Alcalde se tuvo que refugiar con los soldados franceses en la caballeriza de su cuartel, que fue asaltado e invadido por la muchedumbre.
   El revuelo duró dos horas y en su transcurso el coronel del regimiento en formación, Barón de Castels fue gravemente herido en el patio de las caballerizas. También resultó herido al ser  apuñalado un soldado llamado Francisco Simil. Éste se había refugiado en una taberna de la calle Pintorería, pero cuando pensó que había pasado el alboroto, salió de su escondite y es cuando  fue descubierto y agredido.
    Se instruyó la correspondiente causa criminal de los hechos, siendo remitida a la Chancillería de Valladolid para que se castigara a los promotores del desorden. La pena fue relativamente benigna, pues, según Real Orden de 17 de diciembre de aquel año, 1815, la mayor parte de los procesados fueron indultados sin otro castigo que la prisión sufrida hasta ese momento y el pago de las costas. Sin embargo fueron desterrados de la Ciudad los vecinos Patricio Pérez, Gabriel de la Encina, Hermenegildo Fernández y Ramón Gorostegui, ya que fueron considerados autores de las heridas al jefe superior y al soldado francés.



“Los cien mil hijos de San Luis”

    El  1 de enero de 1820 el Comandante  Rafael  Riego proclamaba la Constitución de 1812  en Cabezas de San Juan (Sevilla).  Con ello se acababan unos años  de absolutismo monárquico tras la Guerra de la Independencia. El mismo rey Fernando VII, forzado a ello,  reconoció la vigencia de dicha Constitución.  Entonces es cuando pronunció su famosa frase: “Marchemos francamente, y yo el primero, por la senda constitucional”
Después  de  tres años  de vigencia de la Constitución de Cádiz  en 1823 (Trienio liberal), una conspiración internacional de ideas absolutistas  se puso en marcha con el fin de acabar con el constitucionalismo en toda Europa. Para ello se preparó, con la connivencia de Fernando VII,  la invasión de España por parte de un ejército absolutista.
Con este fin se formó la Santa Alianza.  La formaban Rusia, Austria, Prusia   y  Francia. Reunida la Santa Alianza  en Verona a finales de 1822, se decidió   la invasión de España, encargando dicha misión a Francia.
    En enero de 1823 estaba ya desplegado a lo largo de los Pirineos el ejército  de los "Cien Mil Hijos de San Luis", dirigidos por el Duque de Angulema, dispuestos a entrar  en España por Guipúzcoa, Huesca y Cataluña.
    Pronto llegaron noticias a Vitoria del avance de las tropas francesas por Guipúzcoa. Por otro lado  la Ciudad estaba casi totalmente desguarnecida,  ya que gran parte de las tropas acuarteladas en  Vitoria habían sido destinadas a Pamplona. Ante tal situación  y viendo la imposibilidad de defender la Ciudad, en abril fue abandonada por el Jefe Político y la Milicia, quedando Vitoria casi desierta, pues gran parte del  vecindario la había abandonado con ellos.
    Los pocos vitorianos que se quedaron,  viéndose en tan delicada situación, pidieron  a los clérigos y a los frailes  que aparte de controlar la situación, sirvieran de mediadores ante los  realistas que iban a llegar inminentemente.  De este modo se situaron clérigos ante los portales de Bilbao, Francia y Castilla.  El día 11 de abril una partida de doce hombres de caballería se presentó ante las puertas de Vitoria. Los mandaba un alavés de nacimiento, el capitán realista don Martín Gabiria. Fueron recibidos por el cura párroco de Santa María, don Roque María González de Chavarri, y el Procurador Síndico don Pablo Gil de Salazar,  franqueándoles la entrada por el Portal del Rey.  Los recién llegados exigieron  la entrega de cuantas armas, caballos, vestuario y municiones hubiera. Prometieron a cambio, no tomar represalias con ningún vecino, cualquiera que fueran sus convicciones políticas.
    La  noche de ese 11 de abril, el grueso de la tropa realista, al mando de Quesada entró en la Ciudad.   Nuevas exigencias fueron reclamadas al Municipio: el anticipo de la paga de un mes, entregas de armamento, equipos y vestuario para 2.500 voluntarios alaveses, 40.000 raciones de pan y carne, 10.000 de cebada y paja y 3.000 reales para el Comandante del 2º de Álava.
    La Junta Provisional del Gobierno Realista llegó el 17 de abril. Esta Junta era presidida, conjuntamente, por el Teniente General don Francisco de Eguía y el Mariscal francés Duque de Reggio. 
    Poco después llegaba el Duque de Angulema, Generalísimo de los ejércitos. Se alojó en el palacio de Montehermoso. Se llenaron las calles y plazas de soldados extranjeros y guerrilleros nacionales, ahora amigos.  De aquí partirían unos y otros para ocupar España en nombre del absolutismo monárquico, personalizado en Fernando VII, una escasa resistencia les hizo frente.
     En Vitoria hubo represiones y depuraciones, distintas autoridades liberales estaban huidas, pero los que no lo habían hecho así  tuvieron que sufrir dichas medidas. Se destituyó a diversos funcionarios, entre ellos el secretario, don Gregorio Guillerna.  Se acordó también la supresión del Cuerpo de Miñones, que fue sustituido por otro denominado Celadores Reales. Fue nombrado Diputado  General, el realista  Valentín de Verástegui.  Este puso al frente del Ayuntamiento vitoriano a otro realista furibundo,   Lorenzo López de Vicuña. Ambos instauraron  en  Álava una especie de tiranía, con represalias de todo tipo para las personas de ideas liberales. Las cárceles se llenaron de presos políticos. La cosa llegó a tal punto que las propias autoridades  del ejército invasor tuvieron que hacer una seria advertencia para que no se pasaran en sus atribuciones.  Como insistieran fueron encarcelados durante unos días.  Es la época en la que el ex -alcalde y poeta Pablo de Xérica  fue desterrado, para ir a acabar sus días a Francia.
    Una vez repuesto Fernando VII como Rey absoluto, el Duque de Angulema  regresó a Francia, pasando por Vitoria el 23 de noviembre, donde estuvo unos días, siendo  agasajado  por los absolutistas vitorianos.
    También el  Rey Fernando VII visitó Vitoria  entre los días 26 al 30 de junio de 1828. Para ello la Ciudad se engalanó, se repararon los caminos de acceso a ella en una extensión de ocho leguas. Muchas fachadas de casas se repintaron, se arreglaron los pavimentos de las calles, se adornó el teatro. Una actuación importante fue el derribo de una casona, la posada de Chivota,  situada en el centro de lo que sería la Plaza de Oriente (más tarde de Bilbao y actualmente de Correos). Durante cuatro días ardió en fiestas la Ciudad, derrochando en ello las mermadas arcas municipales. Corridas de toros, fuegos artificiales…
     Además los actos que se iban a celebrar por el décimo aniversario de la Batalla de Vitoria (1813 - 1823), se suspendieron para no ofender a las tropas del duque de Angulema.

 Archivo municipal V.G.

Para saber más:

"Álava en sus manos"    Varios                  Edit. Caja P. de Álava 1983
"De Túbal a Aitor"     Iñaki Bazán (direct.) Edit. La esfera de los libros. 2002
"Vida de la Ciudad de Vitoria"  Tomás Alfaro Fournier Edit Dip. foral de Álava. 1996
"Síntesis de la Historia del P.Vasco"  Martín de Ugalde Edit. Elkar S.A. 1983
"Historia de Vitoria"  P.Manzanos y J.M. Imízcoz    Edit. Txertoa 1997
"Rincones con renombre" Elisabeth Ochoa de Eribe y Ricardo Garay  Edit. Fundación Mejora 2012
"La Batalla de Vitoria - 1813"  Emilio Larreina Edita Almena Ediciones  2009
"Historia de Álava" Antonio Rivera  y otros.  Edit. NEREA   2003

























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