sábado, 14 de enero de 2012

Historia de Vitoria - Gasteiz 18º capítulo





LA JURA SOBRE EL MACHETE

     Merece capítulo aparte, por su singularidad, el nombramiento del Procurador General.

Como hemos visto, en el Capitulado de los Reyes Católicos de 1476 se dispone que la elección de los cargos del Concejo vitoriano se hiciera el día de San Miguel en el altar mayor de la iglesia del mismo nombre.
     El Procurador General Síndico de Vitoria, después de haber jurado su cargo en la mencionada iglesia, lo ratificaba sobre un machete en la plaza existente a espaldas del altar mayor, con el que se le amenazaba si no cumplía las obligaciones que le correspondían, que eran las de defender los derechos y leyes de la Ciudad. La frase de rigor era la siguiente: ” Con éste me quiten la vida si no hiciera todo lo que conviene para la defensa de esta ciudad y su jurisdicción.” La ceremonia se celebraba con gran concurrencia de gente y con el acompañamiento de clarines y tambores.
     Esta curiosa costumbre se vino celebrando hasta el año 1841, tras la Primera Guerra Carlista.

     Este acto es recordado con la plaza que lleva su nombre : " Plaza del Machete "





Plaza del Machete


Urna con la reproducción del machete en la plaza del mismo nombre

Aportamos finalmente un interesante testimonio de un diario  de la época  en el que se relata la toma de posesión del Síndico con toda clase de detalles.  Sería la última toma, ya que este cargo desapareció al entrar el Ayuntamiento de Vitoria en el régimen común. 
(Documento facilitado por Patxi Viana, doctor en Historia.)

— DIARIO CONSTITUCIONAL DE  PALMA -
LUNES 2 DE ENERO DE 1841. 

ESPAÑA. 
NOTICIAS DE LAS PROVINCIAS VASCONGADAS. 
Vitoria 2 de enero. 

    El último correo anuncia a ustedes la elección del nuevo  ayuntamiento de esta ciudad, faltando únicamente ser nombrados los diputados del común y el síndico personero. Se llenó esta formalidad el mismo día que escribí a uds. y recayó el nombramiento en las personas siguientes: 
Diputado del común. El Licenciado D. Pedro Manso, abogado de mucha ilustración, y liberal antiguo. D. Pedro Velasco, del comercio y también persona de constantes opiniones liberales. 
Sindico personero. D. Domingo Zurbitu, labrador honrado y estimable.
    Todos tres, muy amantes de Ias instituciones del país. Ayer se verificó el juramento y toma de posesión de los nuevos concejales; y como la ceremonia es eminentemente grave y solemne, y se ha distinguido este año por el inmenso concurso del pueblo que ha asistido como a fortalecerla y honrarla, he de referírsela a ustedes con la posible exactitud. A las nueve y media de la mañana estaban reunidos ambos ayuntamientos, el saliente y entrante, en las bellas y elegantes salas de la casa consistorial. A las diez se pusieron en marcha para la iglesia de San Miguel, donde debía verificarse el juramento, precedidos de los merinos, maceros, clarines, y tambores vestidos de gran gala. Ya digo a uds. en mi carta anterior que la religión santifica todos nuestros actos. Colocáronse los individuos de ambos ayuntamientos, mezclados entre si, en los bancos del presbiterio, y oyeron con edificante piedad la misa de Espíritu Santo que se celebró en el altar mayor.         La iglesia estaba cuajada de gente de todas clases, pero especialmente del pueblo (gente de chaqueta y capa parda) que había acudido afanosa e inquieta a presenciar este año un acto otras veces desatendido, como si quisiese protestar de esta manera pero imponente y solemne, contra la bárbara, inicua y cobarde irrupción que amenaza d nuestra libertad y a nuestras patriarcales costumbres.
     Concluida la misa, viose que quedó el libro de los evangelios abierto sobre el altar, (que continuaba alumbrado). Entonces el alcalde saliente, ordenó al entrante que fuese a besar el ara y los evangelios: hízolo así, Y en seguida le recibió el juramentó de costumbre, y le entregó la vara jurisdiccional. Los demás individuos del ayuntamiento electo fueron sucesivamente y unos tras otros prestando la misma formalidad, primero en el altar mayor, y después en manos del nuevo alcalde, con fórmulas de juramento peculiares al carga respectivo que cada uno representaba, y en seguida se entregaron sus varas al alguacil mayor y a los alcaldes de hermandad. 
    Tierna y grande era la impresión que llenaba el alma, en aquellos momentos. El silencio profundo o mas bien digamos el piadoso recogimiento de la multitud que oraba en el templo, lo sagrado del lugar, la vista de los santos evangelios, expresivo y cristiano signo de la verdad, abiertos en el altar mayor, todo daba al acto un carácter de majestad, de importancia y de religiosidad difícil de describir. 
    Concluido el juramento general, ambos ayuntamientos precedidos como antes de los maceros, tambores y clarines, salieron de la iglesia, y pasaron a una plaza pública que se halla a espaldas del altar mayor de la misma, a celebrar otra ceremonia acaso mas imponente que la anterior, y en mi concepto única y sola reliquia de su clase que la severa antigüedad de los tiempos republicanos ha dejada viva para enseñanza o recuerdo de los tiempos modernos, A lo menos yo no conozco en Europa otra institución o monumento de su clase. El procurador síndico general, defensor nato, representante principal de los derechos de la ciudad de Vitoria, ha prestado en la iglesia como sus demás compañeros de corporación el juramento religioso, ha prometido ante Dios, ahora va a prestar juramento político, va a prometer ante el pueblo. 
   Inmensa, curiosa y apiñada multitud llena la angosta, triste y larga plazuela donde va a verificarse la nueva solemnidad. El nombre mismo, el solo nombre del lugar, tiene ya algo de terrible. Esta plazuela se llama El Machete Vitoriano. A la derecha está la casa Consistorial, que impiden ver otras más cercanas. A la izquierda la cárcel. Delante y en medio de las desnudas paredes de la iglesia de san Miguel una puerta pequeña que da al altar mayor, y en ella un nicho donde se guarda el agudo y enorme cuchillo llamado Machete Vitoriano. Allá bastante detrás, en lontananza, se distingue la casa del verdugo. 
  Un hermoso joven, de dulce fisonomía, de noble y gallarda presencia, se adelanta solo del fondo de este cuadro negro. Es el nuevo procurador sindico general. Precedente los maceros y merinos; suenan delante de él los clarines y tambores. La portezuela del Machete, abierta de par en par lo deja ver derecho, con el filo a la parte exterior, el puño abajo y la punta perpendicular hacia arriba, el terrible instrumento sobre el cual el pueblo va a exigir a su nuevo delegado el juramento de defender sus leyes y conservar su libertad. Este año ha recaído precisamente la elección en una de las personas más dignas, más populares y queridas que tiene la ciudad, el Sr. D. Nicolás de Urrechu, miliciano nacional, perseguido del 23 al 33, tan amante de nuestros fueros como de la libertad general de la nación, y por todos conceptos uno de los caracteres mas hidalgos, enteros y generosos que honran la nueva generación vascongada. Licito le sea a una amistad que nunca le aduló, dirigirle hoy estas palabras de justicia.
    Sigo mi relación. El procurador general llega al Machete atravesando por entre el pueblo, que asiste a la ceremonia con el sombrete quitado, sin hacer caso de la lluvia que cae, pone su mano derecha sobre el cuchillo; lo besa, y en seguida presta el juramento siguiente: «Juráis (le pregunta el secretario del ayuntamiento, leyendo la fórmula en el libro de leyes de la ciudad) a Dios nuestro Señor, y a Santa María su madre, y por las palabras de los santos cuatro Evangelios, y por el Machete Vitoriano donde corporalmente habéis puesto la mano derecha, que como tal procurador general de esta ciudad y su jurisdicción defenderéis bien y fielmente todos los derechos, franquezas, exenciones y libertades que esta ciudad tiene. "Sí, juro". "Si así no lo hiciereis, Dios os lo demande y os sea cortada la cabeza con el referido alfanje de hierro y acero agudo, tal y de la forma del Machete Vitoriano." "Así lo juro" 
    El corazón nos latía fuertente al oír pronunciar estas palabras. Deseábamos estar en el lugar del procurador general. Los tiempos que corren son turbios, son de prueba. Corazón firme, temple de acero mas fino todavía que el del Machete vitoriano, han menester los hombres públicos a quienes hoy cabe la honra de defender las derechos, las libertades, y las santas costumbres que nos legaron nuestros padres, y que han sabido conservar durante la terrible lucha pasada la sangre y los sacrificios de toda una generación de valientes. Estamos seguros, si, lo estamos, de que el nuevo procurador general de Vitoria no faltará a su deber, ni desertará supuesto, por mucho que azote la tempestad. Hace mucho tiempo que su divisa es la del varón justo de Horacio: et si magnus dilabatur orbis, impavidum faerient ruinae. No, no faltará él al juramento del Machete, como otros más altos que él faltan al juramento de Vergara. Coronas de encina y de laurel, no cuchillos, es lo que habríamos de poner  sobre su cabeza, si llega el día de la prueba.  Dispénsenme uds. tanta digresión, nuestros pechos están  hirviendo en ira al ver la manera con que se nos trata. Y  la más pequeña renovación de las antiguas prácticas, despierta en nuestra alma sentimientos que es imposible comprimir. Ya que tanta injusticia y tiranía nos abruma, permítanme uds. a lo menos el consuelo de la publicidad.
    Concluido el juramento, hay todavía otra fórmula. El secretario lee en voz alta el poder que el pueblo otorga al procurador general, y en seguirla y antes de firmarlo pregunta al pueblo allí congregado, si en efecto quiere conferirle tal poder.... Escusado es decir, que ayer respondió que sí. Es lo regular. La tradición sin embargo conserva la memoria de un mal ciudadano a quien el pueblo desechó y que no pudiendo resistir a tan grande castigo moral, murió a los pocos días de sentimiento. ¡Lástima que algunos hijos degenerados de este país, no pudieran venir a sufrir la prueba del pueblo, del verdadero pueblo!.,. Entonces verían si son una docena de aristócratas, o si es todo et país, toda la masa del pueblo, la que ama los fueros. 





Para saber más:

"Álava medieval" Gonzalo Martínez Edit. Dip. F. de Álava 1974

"Álava en sus manos" Varios Edit. Caja P. de Álava 1983
"Vitoria medieval" Varios Edit. Exc. Ayunt. de Vitoria 1993
"De Túbal a Aitor" Iñaki Bazán (direct.)Edit. La esfera de los libros. 2002
"Historia civil de Álava" J.J. Landázuri Edit. Gran Encicl. Vasca 1973
"Historia de Álava" A. Rivera (direct.) Edit. Nerea S.A. 2003
"Síntesis de la Historia del P.Vasco" Martín de Ugalde Edit. Elkar S.A. 1983
"Historia de Vitoria" P.Manzanos y J.M. Imízcoz Edit. Txertoa 1997

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